Observación de la Tierra · España
El satélite FLEX, liderado desde Valencia, ya orbita y medirá la fotosíntesis en píxeles de 300 metros
Por Redacción Reporte Plus··Ciencia y tecnología

El satélite FLEX se separó del cohete Vega-C a las 5:17 de la mañana del 15 de septiembre de 2026, hora peninsular española, y seis minutos más tarde envió su primera señal desde una órbita situada a 814 kilómetros de altura. Es el primer ingenio construido específicamente para medir la actividad fotosintética de la vegetación desde el espacio, y lo hará en píxeles de 300 por 300 metros: una celda unas 32 veces más pequeña que la del mejor instrumento con el que hasta ahora se obtenía esa misma señal.
¿Qué mide exactamente FLEX?
FLEX —FLuorescence EXplorer— detecta la fluorescencia de la clorofila, una luz muy débil que las plantas emiten mientras realizan la fotosíntesis. No es un índice de verdor como los que usan los satélites agrícolas, que ven si una superficie está más o menos verde: es una emisión producida por la maquinaria fotosintética en funcionamiento, de modo que revela si la planta está transformando luz solar y dióxido de carbono en energía o si ha dejado de hacerlo, incluso antes de que el follaje cambie de color. El obstáculo técnico es que esa emisión supone una fracción mínima de la luz que el vegetal devuelve hacia el espacio, y separarla del reflejo solar exige un espectrómetro construido para esa única tarea. FLEX es la octava misión Earth Explorer de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la primera dedicada a ello.
¿Cuánto mejora la resolución respecto a lo que ya había?
Hasta ahora la fluorescencia se extraía de instrumentos diseñados para otra cosa, casi siempre para medir gases atmosféricos. El OCO-2 de la NASA, el más fino de ellos, registra cada dato sobre una huella de aproximadamente 1,3 por 2,25 kilómetros, y el japonés GOSAT sobre un círculo de unos 82 kilómetros cuadrados, según el conjunto de datos publicado en Earth System Science Data por un equipo de la Universidad de Oklahoma y del Jet Propulsion Laboratory. La celda de FLEX cubre 0,09 kilómetros cuadrados. La división, que no aparece en ninguna de las notas de las agencias, da la medida del salto: el píxel de FLEX es unas 32 veces más pequeño que el del OCO-2 y más de 900 veces más pequeño que el del GOSAT. La unidad de observación deja de ser el paisaje y pasa a ser la parcela.
¿Qué papel ha tenido España en la misión?
El investigador principal de FLEX es José Moreno, catedrático de Física de la Tierra de la Universitat de València, donde dirige el Laboratorio de Observación de la Tierra, y preside además el comité científico internacional de la misión. La concepción científica del satélite se gestó en esa universidad y acumula más de veinte años de trabajo previo al despegue: definir qué debía medir el instrumento, con qué precisión y con qué señal de referencia. «Ahora empieza realmente la fase más interesante, el análisis de los datos y las aplicaciones científicas», resumió Moreno la misma madrugada del lanzamiento.
¿Por qué viaja acompañado de otro satélite?
En el mismo vuelo, el VV30 del cohete europeo Vega-C desde el Centro Espacial de Guayana, en Kurú, viajaba Sentinel-3C, del programa europeo Copernicus, que se separó a las 4:23 —casi una hora antes que FLEX—. Los dos volarán en tándem por una necesidad científica concreta: la fluorescencia por sí sola no basta para saber si una planta está sana o estresada, porque la señal depende también de cuánta luz recibe la hoja y de su temperatura. Sentinel-3 aporta esas mediciones casi simultáneas. FLEX volará primero junto al Sentinel-3A, y más adelante el Sentinel-3C ocupará su puesto en la formación.
¿Qué queda sin resolver?
FLEX todavía no ha medido nada. Un satélite recién puesto en órbita entra en una fase de puesta en servicio en la que se encienden, enfrían y calibran los instrumentos, y los primeros productos de fluorescencia no llegarán hasta después de ese periodo: la ESA fija la vida nominal de la misión en tres años y medio de observaciones, y los responsables científicos hablan de cuatro años. Queda pendiente lo más difícil, que es convertir la señal en una cifra fiable de cuánto carbono absorbe realmente cada parcela, un paso que exige contrastarla con medidas tomadas sobre el terreno. Y 300 metros, con ser un salto grande, sigue siendo mucho para una finca pequeña o para un rodal de bosque mixto: dentro de un mismo píxel seguirá habiendo cultivos, suelo desnudo y árboles mezclados.
Aun así, el cambio de escala es el que separa una estimación continental de un dato útil sobre el terreno. Saber cuándo un cultivo deja de fotosintetizar —días o semanas antes de que se note a simple vista— es información aprovechable para un servicio agrometeorológico o para un gestor forestal, y hasta ahora solo existía para celdas de varios kilómetros de lado.
Fuentes
Este artículo se apoya en cuatro fuentes independientes entre sí:
- Agencia Espacial Europea (ESA): «FLEX and Sentinel-3C launched» (15 de septiembre de 2026) (fuente primaria)
- RUVID, Red de Universidades Valencianas para el fomento de la Investigación, el Desarrollo y la Innovación: «FLEX ya orbita en el espacio» (15 de septiembre de 2026) (fuente primaria)
- Doughty, R., Kurosu, T. P., Parazoo, N., Köhler, P., Wang, Y., Sun, Y. y Frankenberg, C.: «Global GOSAT, OCO-2, and OCO-3 solar-induced chlorophyll fluorescence datasets», Earth System Science Data 14, 1513-1529 (2022) (fuente independiente)
- EFE / Infobae: «La ESA lanza con éxito el satélite FLEX, liderado por el español José Moreno, que estudiará la vegetación terrestre» (15 de septiembre de 2026) (fuente independiente)