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Bolivia y Paraguay cerraron los últimos 3,5 km de su frontera y completaron la traza tras 88 años

Por Redacción Reporte Plus··Gente

Humedal del Pantanal de Otuquis, en el sureste de Bolivia: una lámina de agua cubierta de plantas flotantes, con palmeras y arbolado bajo al fondo.
El Pantanal de Otuquis, en el sureste de Bolivia. Por esta zona baja y anegadiza discurre el río Negro u Otuquis, cuyo tramo final —3,5 kilómetros— fue el último pedazo de frontera boliviano-paraguaya que quedaba por trazar. Foto: Ariom Alejandra / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Bolivia y Paraguay dieron por trazada el 16 de septiembre de 2026 la totalidad de su frontera común, 755,67 kilómetros según la Cancillería boliviana, al aprobar los últimos 3,5 kilómetros que quedaban pendientes sobre el río Negro u Otuquis. El acuerdo cierra un proceso que arrancó en 1938, al terminar la guerra del Chaco, y que ha ocupado a las comisiones técnicas de los dos países durante 88 años.

¿Qué se aprobó exactamente en La Paz?

La decisión se tomó en la XIII Reunión Plenaria Ordinaria de la Comisión Mixta Demarcadora de Límites Boliviano-Paraguaya, celebrada en La Paz del 14 al 16 de septiembre de 2026. Las delegaciones aprobaron el trazado del último sector pendiente: el tramo fluvial del río Negro u Otuquis, de unos 50 kilómetros, que discurre hasta la confluencia con el río Paraguay. La línea se fijó por el método del talweg, siguiendo el punto de mayor profundidad del cauce. Era el único segmento arcifinio del límite —el único definido por un accidente natural y no por una recta geodésica— y por eso fue el más difícil de cerrar: la Comisión Mixta lo priorizó en 2024 con estudios batimétricos, resolvió 46,5 kilómetros durante 2025 y dejó los 3,5 finales para esta plenaria, medidos con drones de alta precisión. La delegación paraguaya la presidió el embajador Carlos José Fleitas, de la Comisión Nacional Demarcadora de Límites.

¿Por qué tardó 88 años?

La frontera quedó jurídicamente definida muy pronto y físicamente marcada muy tarde. El 21 de julio de 1938, Bolivia y Paraguay firmaron en Buenos Aires el Tratado de Paz, Amistad y Límites que puso fin a la guerra del Chaco, y el laudo arbitral del 10 de octubre de ese mismo año fijó los límites definitivos. Pero un tratado dibuja una línea sobre un mapa; llevarla al terreno exige recorrer centenares de kilómetros de monte seco y de bañado. El proceso se reordenó con el Memorándum Final de 2009, firmado bajo el patrocinio de Argentina y con los países garantes del tratado —Brasil, Chile, Estados Unidos, Perú y Uruguay—, y desde entonces las dos cancillerías han trabajado en convertir esa delimitación jurídica en una frontera identificable sobre el suelo.

¿Cuántos kilómetros mide en realidad esa frontera?

Depende de a qué ministerio se le pregunte. La Cancillería de Bolivia habla de 755,67 kilómetros y de un tramo fluvial de aproximadamente 50. El Ministerio de Relaciones Exteriores del Paraguay publica 742: 704 de frontera seca y 38 de límite fluvial. Son 13,67 kilómetros de diferencia, y casi todos están en el río, porque en la parte seca ambos coinciden en algo más de 700. La explicación más plausible está en el método: el cálculo paraguayo es de octubre de 2025, anterior al tramo batimétrico final, y una línea trazada por el talweg recorre cada meandro del cauce y sale más larga que una estimación en recta. Las cuentas de Bolivia encajan con esa lectura: 46,5 kilómetros resueltos en 2025 más 3,5 en 2026 dan los 50 del tramo fluvial.

¿Para qué sirve, en la práctica, una frontera demarcada?

Para que se vea y para que se pueda medir. Entre los trabajos de estos años figura la actualización del 100 % de las coordenadas de los hitos principales, vinculadas a la red SIRGAS, la referencia geodésica común de Sudamérica: sin ella, dos mapas de la misma raya discrepan decenas de metros. Hasta 2023 se construyeron además 79 hitos de segundo orden entre los principales, y se completó la apertura de la picada fronteriza en todo el tramo seco: más de 700 kilómetros de trocha desbrozada. Esa franja no solo hace visible el límite. En una región de acceso difícil se ha convertido en una vía de paso, y la Cancillería boliviana señala que se usó para atender emergencias, como los incendios de la Chiquitania.

¿Qué queda sin resolver?

Lo primero, el número: que los dos Estados anuncien la misma frontera con totales distintos es un flanco abierto que se cierra con una publicación conjunta, y no la hay. Lo segundo, el extremo oriental: el hito XI está en la confluencia de los ríos Negro u Otuquis y Paraguay, que es el punto trifinio con Brasil, y ninguno de los dos comunicados menciona un acto trilateral con ese país. Y lo tercero, la distancia entre una línea trazada y una frontera gestionada: la parte paraguaya sostiene que ambos países quedan como los únicos de Sudamérica con su frontera común demarcada de punta a punta, pero demarcar no crea pasos habilitados, ni puestos de control, ni servicios en una zona donde el caserío más próximo puede estar a horas de camino.

Con todo, lo cerrado en La Paz es de la clase de acuerdos que casi nunca llegan a titular: dos países que se hicieron la guerra por ese territorio terminaron de medirlo juntos y firmaron el resultado.

Fuentes

Este artículo se apoya en tres fuentes independientes entre sí:

  1. Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado Plurinacional de Bolivia: «¡Histórico! Bolivia y Paraguay concluyen con la demarcación de su frontera común» (La Paz, 16 de septiembre de 2026) (fuente primaria)
  2. Ministerio de Relaciones Exteriores de la República del Paraguay: «Paraguay y Bolivia a punto de finalizar la demarcación total de los límites» (Asunción, 15 de octubre de 2025) (fuente independiente)
  3. La Nación (Paraguay): «Paraguay y Bolivia culminan histórico proceso de demarcación de su frontera común» (15 de septiembre de 2026) (fuente independiente)