Especies · Bolivia
De unos 600 a más de 1.900 ejemplares: el pueblo leco sacó al palkachupa del borde de la extinción
Por Redacción Reporte Plus··Planeta

El palkachupa, un ave que solo existe en un rincón del departamento boliviano de La Paz, pasó de unos 600 ejemplares a más de 1.900. El trabajo no lo hizo un ministerio ni una expedición extranjera: lo hicieron seis comunidades del pueblo indígena leco en el municipio de Apolo.
¿Qué es el palkachupa y por qué estuvo a punto de desaparecer?
El palkachupa (Phibalura boliviana) es un ave endémica de Bolivia con una distribución de apenas 1.800 km² alrededor del pueblo de Apolo. Durante casi un siglo no hubo un solo avistamiento confirmado y se la dio por perdida. Fue redescubierta en el año 2000.
Su problema no es la caza, sino el suelo: anida en árboles dispersos dentro de un mosaico de pastizal y bosque que la ganadería y las quemas han ido deshaciendo. Sin esos árboles, no hay dónde criar. Es una especie que se pierde sin que nadie la persiga.
¿Quién hizo el trabajo?
La Central Indígena del Pueblo Leco de Apolo (CIPLA), junto con la Asociación Armonía y el American Bird Conservancy, dentro de la iniciativa regional Conserva Aves. Las comunidades no son beneficiarias del proyecto: son quienes deciden dónde se protege y quienes mantienen los viveros.
Mongabay Latam, que documentó el proceso sobre el terreno en agosto de 2026, recoge los nombres de quienes lo sostienen día a día —Teodoro Camacho, Remmy Huanca, William Ferrufino, Rodrigo Wilber Soria—, y esa es probablemente la parte menos exportable del modelo: funciona porque la gente que vigila vive allí.
¿Qué se ha construido sobre el terreno?
Las cifras del programa son concretas y verificables:
- 1.888 hectáreas declaradas Áreas de Protección Comunitaria
- 165,5 hectáreas cercadas para restauración, de modo que el ganado no entre
- 24.722 plantines de especies nativas plantados, repartidos entre Chirimayo (3.029), Muiri (2.680), Pucasucho (7.847), San José (5.720), Inca (2.569) y Aten (2.877)
- Viveros comunitarios con capacidad para 25.000 plantines en Pucasucho y en San José, y 10.000 en Aten
Es infraestructura, no promesas: cercas, semilleros y una lista de comunidades con su cifra al lado.
¿Cuánto falta todavía?
Aquí está el dato que ninguna de las dos fuentes pone junto, y que cambia la lectura de todo lo anterior. Armonía calcula que la especie necesita 17.890 hectáreas de hábitat adecuado para sobrevivir a largo plazo. Las Áreas de Protección Comunitaria suman hoy 1.888.
Dicho de otro modo: está protegido el 10,6 % de lo que hace falta. Nueve de cada diez hectáreas que el palkachupa necesita siguen fuera de cualquier figura de protección.
Eso no anula el avance —triplicar una población de un ave endémica en dos décadas es extraordinario—, pero sí lo pone en su sitio. El palkachupa no está salvado. Está fuera de la caída libre, que es una cosa distinta y que, en conservación, casi nunca llega a ser noticia.
¿Por qué importa fuera de Bolivia?
Porque el modelo es replicable y barato. No hay aquí un centro de cría en cautividad ni una tecnología cara: hay tierra comunal, viveros, cercas y gente que revisa los nidos. Los mismos ingredientes están funcionando en Misiones con el loro pecho vinoso y en Galápagos con el pájaro brujo.
La parte difícil no es la biología. Es conseguir que quien vive en el territorio tenga razones para quererlo intacto.
Fuentes
Este artículo se apoya en dos fuentes independientes entre sí:
- Asociación Armonía — «El pueblo indígena Leco lidera la conservación de la Palkachupa Cotinga en Apolo, Bolivia» (fuente primaria)
- Mongabay Latam — «De la extinción a la esperanza: comunidades y científicos trabajan para salvar a tres aves de Latinoamérica» (14 de agosto de 2026) (fuente independiente)